lunes 27 de febrero de 2012

Away From Her



Away From Her, S. Polley, Canada, 2006

Un apacible matrimonio vive su retiro en una apartada localidad canadiense, donde el frío exterior ayuda a paseos largos y tranquilos por las montañas e invita a retirarse al calor del hogar donde revivir nostálgicos recuerdos. En un momento determinado Fiona (Julie Christie) la esposa del viejo profesor universitario Grant (Gordon Pinsent), se percata de que “Doy vueltas por ahí buscando algo que sé es importante, pero… ¡no me acuerdo qué es!” Es el principio de una demencia senil o algo más, quizá un alzhéimer que asoma sus primeros síntomas. Esta situación, que en un principio parece poder llevarse entre ambos, se ve transforma en una lucha imposible y peligrosa contra el tiempo, por lo que Fiona decide ingresar en un hogar para ancianos. Grant, se resiste cuando rememora “Me dijo crees que sería divertido casarnos… No quería estar nunca lejos de ella.” Las situaciones que se darán a partir de entonces, romperán el corazón de él al ver cómo se vuelve un extraño para Fiona cuando le espeta con cariño en una ocasión: “Soy tu marido: llevamos casados cuarenta y cinco años…” Una historia real, tierna y valiente donde la directora Sarah Polley expone una factura que nos interrogará sobre nuestra condición y el fin que a muchos nos espera –para algunos- al final de nuestra larga vida.
En 2007 recibió, la guapísima y exquisita Julie Christie, una nominación al Oscar y otro al premio BAFTA, un Globo de Oro, además de otros premios concedidos por la National Board of Review, el Círculo de Críticos de NY y el Festival de Toronto. Por su parte la película Away From Her, fue nominada al Oscar por el mejor guión adaptado y su directora los premios a la mejor película canadiense y mejor dirección novel (Festival de Toronto).


domingo 19 de febrero de 2012

El enigma de San Lorenzo



SÁENZ, Jorge, El enigma de San Lorenzo, Salta, Mundo Gráfico, 2011

El historiador, escritor y articulista Jorge Sáenz, es un especialista en el salteño Martín Miguel de Güemes. Además es un experto en armamento, seguridad y defensa de su país natal, Argentina. En su obra El enigma de San Lorenzo, el autor plantea una cuestión que ha sido ignorada durante mucho tiempo por la historiografía americanista: la estrategia realista de juntar las fuerzas peruanas, brasileñas y orientales desde un punto determinado del Río de la Plata para acabar definitivamente con los revolucionarios porteños en la década de los diez del siglo XIX.
Por medio de documentos de los protagonistas de la época (el virrey Abascal, la princesa consorte Carlota de Borbón o los oficiales Goyeneche, Belgrano, Tristán, Artigas entre otros), un estudio pormenorizado del terreno y una panorámica política y militar de la época, hacen de este interesantísimo estudio un referente en la geoestrategia de la época. A modo de resumen destacamos lo esencial de esta obra en palabras del propio autor J. Sáenz: “Una vez desembarcado el grupo adelantado, y asegurado el convento, tenían planificado incorporar desde Montevideo mayores efectivos que reforzarían la posición y establecerían un seguro enclave. Una vez consolidado, estarían listos para la recepción de las fuerzas de Pío Tristán provenientes de Córdoba. Concentrados en el cuartel de San Lorenzo más de 5.000 hombres y asegurada la neutralidad del Paraguay, que no simpatizaba con el gobierno de Buenos Aires, se incorporaría el resto del Ejército Real al mando de Goyeneche. En el ínterin, las fuerzas portuguesas con unos 4.000 hombres, caerían por la espalda a las tropas sitiadoras de Montevideo y las milicias de Artigas. Partiendo de San Lorenzo, los Ejércitos Reales de Lima y Montevideo avanzarían sobre Buenos Aires para imponer el sitio terrestre, que completaría el bloqueo de su puerto. Obtenida la rendición, pasarían por las armas a los cabecillas de la revolución y restituirían el Virreinato del Río de la Plata.” (Pág. 126). Sin embargo, los reveses realistas en Salta y Tucumán abortaron el avance por EntreRíos hacia la cabeza de puente que habría de ser San Lorenzo, lo que conllevó a que el aislamiento de Montevideo -tanto marítimo como terrestre- fuese cada vez mayor al no verse auxiliada fuertemente por los Reales Ejércitos del Alto Perú. La revolución porteña podía respirar tranquila; la estrategia realista de Abascal en el estuario del Plata había fracasado.
Una obra imprescindible para entender el devenir de los hechos durante la Emancipación americana y la historia de la república Argentina.

lunes 6 de febrero de 2012

A Man for All Seasons



A Man for All Seasons, F. Zinnemann, Reino Unido, 1966

En la época de la película que dirige Zinnemann, conviene aclarar que a nadie de aquel tiempo en el que se produjeron estos acontecimientos históricos se le escapaba la turbulenta vida eclesiástica que a todos los niveles se había ido deteriorando durante el Medioevo: corrupción de cargos, la ruptura cismática entre Oriente y Occidente, división en la sucesión de la cátedra de San Pedro, etcétera. Era obvio que la Iglesia de Roma necesitaba una reforma, y los primeros en hacerla se les denominó –con el tiempo- contra reformistas o tridentinos. Los segundos en llevarla a cabo y como respuesta a los primeros, fueron los llamados reformistas o protestantes llegándose a salir de la ortodoxia católica y formando iglesias nacionales.
Con el afán reformador dentro del seno de la Iglesia para la pureza del Evangelio y sanear de algún modo los desmanes que se habían producido los siglos precedentes como la compra de cargos eclesiásticos, la corrupción del alto clero, la escasa formación del clero bajo, las actitudes mundanas de los pontífices, el antiguo enfrentamiento entre Papado e Imperio, etcétera nacieron, alentados además por el auge de los ideales humanísticos, espíritus en el seno de la misma que al no ser aceptados, formaron entes aparte como el Luteranismo en diversos estados alemanes, el Calvinismo en los cantones suizos o el Anglicanismo en el reino de Inglaterra.
En la película A Man for All Seasons/Unhombre para la eternidad, se nos relata la herejía anglicana, protagonizada por el monarca inglés Enrique VIII (1491-1547) (Robert Shaw) que fue el paradigma de la contradicción. En los primeros años de su reinado defendió la postura romana frente a la luterana llegando a recibir del Papado el título de “Paladín de la Fe”, pero sus desavenencias de alcoba contra su esposa aragonesa Catalina (hija de los Reyes Católicos de España) que no le ayudó a zanjar el asunto político de la sucesión real, unido a sus escarceos amorosos le llevó a alejarse de Roma con el fin de tranquilizar su conciencia. Para ello, tras el Acta de Supremacía (1534) –que llevó a la expropiación de todos los bienes eclesiásticos y, de paso, el retraso de la revolución industrial) junto con la redacción dos años después los Diez artículos se llegó a convertir el propio rey en el jefe supremo de la iglesia de Inglaterra. Aunque el monarca británico se retractó antes de morir, la semilla de la secesión estaba germinada…
Por otro lado, cuando hablamos de los intelectuales de fe católica, con un formación académica clásica y de una retórica humanística, que plantean en sus escritos soluciones acordes a esta visión, estamos hablando de los humanistas cristianos. Nos referimos fundamentalmente a Erasmo de Róterdam y a SirThomas More (1478-1535) (Paul Scofield), juez y político inglés que llegó a ser mártir de la Iglesia Católica por defender con su vida los postulados de su conciencia frente al poder real de Enrique VIII. Su obra máxima, Utopía, se centró en la necesidad de crear un sistema político basado e una unión de ciudades-estado cuyo objetivo principal era el de alcanzar el bien público, para lo cual era necesario primero una reforma a nivel educativo e institucional.
Sin embargo, los tiempos eran turbulentos. En A Man for All Seasons, se plantea bien las intrigas palaciegas del gran canciller y cardenal Wolsey (interpretado por un magnífico Orson Welles) y su intrigante secretario, el astuto Thomas Cromwell (Leo McKern), el arribista acomplejado Richard Rich (John Hurt), el pragmático hombre de estado duque de Norfolk (Nigel Davenport) y el mayordomo –Mateo- despechado por sí mismo por su soberbia (Colin Blakely) conformarán un elenco de personajes –magníficamente interpretados por todos ellos- que corearán la actitud de su déspota monarca. El rey Enrique estuvo rodeado por una corte de aduladores, temeroso de otra guerra civil –como la que sufrió su padre con la Guerra de las Dos Rosas- por no tener descendencia, unido a sus aventuras amorosas con Ana Bolena (Vanessa Redgrave), le llevó de ser el defensor de la fe romana a uno más de ese río revuelto que conformaron las herejías protestantes del continente.
La familia de Moro le apoyó en todo momento, desde su segunda esposa Alice (Wendy Hiller) hasta su queridísima hija (fruto de su primer enlace) Margaret (Susannah York) –de la que se guardan las tiernísimas cartas que se correspondió con su padre mientras estuvo confinado en la Torre de Londres-, sin olvidar a su impetuoso y fluctuante yerno Willima Ropper (Corin Redgrave) que apoyaron al magnífico y riguroso intelectual humanista inglés –patrono de los políticos- en su defensa de la libertad de conciencia por no apoyar –tanto como Lord Canciller del Reino, como hombre de gran talla humana- el adulterio convertido en ruptura matrimonial de su rey.
Un tema de gran actualidad en nuestro tiempo y de la que podríamos sacar conclusiones en asuntos tan serios como el genocidio abortivo, la eutanasia de nuestros mayores o las clonaciones embrionarias. Cada hombre es hijo de su tiempo, pero las preguntas y sus respuestas son siempre las mismas.


lunes 30 de enero de 2012

Ébano


KAPÙSCINSKI, Ryszard, Ébano, Barcelona, Anagrama, 2000

“El espíritu de África siempre se encarna en un elefante. Porque al elefante no lo puede vencer ningún animal. Ni el león, ni el búfalo, ni la serpiente.” (Págs. 339/340). Ruanda, Liberia, Sudán, Eritrea, Etiopía, Nigeria, Zanzíbar, Senegal, Chad, son sólo unos de los pocos países en donde Ryszard Kapùscinski estuvo como reportero durante varias décadas. Conoció un África negra múltiple, variada y plural, excelentemente descrita por este periodista y escritor polaco en Ébano. El autor se pregunta cuál es “¿La imagen de África que se ha forjado Europa? Hambre, niños-esqueleto, tierra tan seca que se resquebraja, chabolas llenando las ciudades, matanzas, el sida, muchedumbres de refugiados sin techo, sin ropa, sin medicinas, sin pan ni agua. De modo que el mundo corre a socorrerla. Igual que en el pasado, África es hoy contemplada como un objeto, como un reflejo de una estrella diferente, terreno de actuaciones de colonizadores, mercaderes, misioneros, etnógrafos y toda clase de organizaciones caritativas (…)” (Pág. 241).
Sin embargo él se adentró en las entrañas del continente donde encontró una realidad donde no hay caminos, sino senderos (y por ello los camioneros son los amos de la carretera) y cuyo paisaje varía (la selva tropical de los bantúes –con su proceso constante de germinación, multiplicación y fermentación-, la populosa costa, la alta y fría montaña, el árido desierto de los tuaregs -en este yermo fantasmagórico el hombre pierde diez litros al día de agua por el sudor y tras varias horas de sed, se debilita y desorienta; las fiebres lo rematarán-) y cuya fuerte naturaleza hacen decir a Kapùscinski que “Alba y crepúsculo. Son las horas más agradables en África. El sol o todavía no achicharra o ya nos atormenta. Deja vivir, deja existir.” (Pág. 232).
Un continente en el que históricamente, no existía la rueda para comerciar, ni escritura para reflejar el pasado puesto que “Aquí la frontera de la memoria también lo es de la Historia. (…) La Historia no llega más allá de lo que se recuerda” (Pág. 331) (…) “libre de lastres, del rigor de los datos y las fechas, la Historia alcanza aquí su encarnación más pura y cristalina: la del mito.” (Pág. 333), donde “(…), el tiempo es una categoría mucho más holgada, abierta, elástica. Es el hombre el que influye sobre la horma del tiempo, sobe su ritmo y transcurso (…)” (Pág. 23).
Con un gran complejo del negro frente al blanco (esclavismo árabe y europeo aprovechado por las guerras interétnicas africanas que provocaron el genocidio ruandés o el apartheid liberiano) hasta los dos últimos grandes conflictos mundiales y las consiguientes independencias coloniales –concedidas- tras el tiralíneas europeo (cuyo fin principal fue sonsacar esclavos, oro y marfil de las tripas de África) que redujo a los 10.000 reinos/estados/federaciones/pueblos a tan solo medio centenar de estados, a pesar que en África la verdadera identidad nacional radica “(…), más que una comunión material o territorial, el africano se siente ligado con sus allegados por una comunión espiritual.” (Pág. 27). Tras el optimismo inicial de la descolonización llegó la avaricia de la burocracia independiente pero con bancos y plantaciones en manos extranjeras y con una escasa industria y educación, provocó la llamada a las puertas de los cuarteles y trajo a la figura del warlord o señor de la guerra; es decir un antiguo militar que ha asumido el poder en una parte del país, al que le sigue un número indeterminado de hambrientos que, con un arma, se bastan para sobrevivir. “El warlord quita a los pobres para enriquecerse él mismo y para alimentar a su horda. Nos movemos en un mundo en que la miseria condena a muerte a unos y convierte en monstruos a otros. Los primeros son víctimas y los segundos, los verdugos.” (Pág. 269). Saquean aldeas o luchan entre sí, cuyas tropas las conforman los niños-soldados -fruto de guerras alargadas en el tiempo donde los adultos han muerto- y cuyas armas, ligeras y pequeñas son muy manejables. Cuando ya no tienen qué rapiñar –se incluyen a las organizaciones no gubernamentales-, solicitan una paz y la intervención internacional para unas libres elecciones, para obtener como contrapartida el suculento dinero del Banco Mundial que sirve para apaciguarlos hasta que se lo gasten y vuelvan a las andadas…
En Ébano, no se deja de describir a un mundo cuya“(…) naturaleza es algo a lo que no hay que oponerse, ni intentar mejorarla, ni hacer nada con vistas a independizarnos de ella. La naturaleza nos es dada por Dios y por lo tanto es perfecta. La sequía, el calor, los pozos vacíos y la muerte en el camino también son perfectos. Sin ellos, el hombre no sentiría el goce auténtico de la lluvia, el sabor divino del agua y la dulzura vivificante de la leche. El animal no sabría disfrutar de la hierba jugosa ni embriagarse con el olor de un prado. El hombre no sabría qué es eso de ponerse bajo un chorro de agua fresca y cristalina. Ni siquiera se le ocurriría pensar que esto significa, simplemente, estar en el cielo.” (Págs. 221/222). La fuerza de la madre naturaleza es de tal magnitud que “(…): el hombre no puede vivir más que su sombra. (…) El agua lo es todo (…) La tierra procede del agua. La luz procede del agua. Y la sangre” (Pág. 334) y, en definitiva, donde “(…) todos nosotros resplandecemos bajo el sol.” (Pág. 9). Por todo ello, Ryszard, viene a resumir que “El problema de África consistía entre la contradicción entre el hombre y el medio, entre la inmensidad del espacio africano (…) y el hombre, indefenso, descalzo, pobre: (…)” (Pág. 25).
Pero junto con este escenario gigantesco y aplastante, el escritor de Ébano destaca el mundo espiritual africano, basado en la realidad visible -personas, animales, animales, plantas, objetos-, el mundo de los antepasados –que reposan en el masiro o sepulcro junto o bajo la vivienda- y el reino de los espíritus con la presencia del mal, los brujos y sus maldiciones. Frente a ellos: Dios. La religiosidad del africano es “de una fe inquebrantable en la existencia de un Ser Supremo, un ser que crea y reina y, también confiere al hombre esa sustancia espiritual que lo eleva por encima del mundo irracional de los animales y los objetos muertos. Esta fe, humilde al tiempo que ferviente, en el Ser Supremo hace que a sus emisarios y representantes en la Tierra también los rodee una aceptación particularmente seria y llena de reverencia. (…) A pesar de cierto espíritu competitivo, la tolerancia que impera en este medio es envidiable y el respeto que goza lo religioso entre la gente sencilla, generalizado.” (Pág. 277). La conciencia de pecado sólo se da de obra –no de pensamiento, palabra u omisión- y es liberado o castigado en el acto por la comunidad tribal.
África es un lugar donde “(…) la vida es un esfuerzo continuo, un intento incesante de encontrar ese equilibrio tan frágil, endeble y quebradizo entre supervivencia y aniquilación. “(Pág. 229). Un mundo cuyos “(…) principios básicos eran: moverse de prisa, evitar confrontaciones directas, rehuir el mal y engañarlo con astucia. “ (Pág. 26). “Toda África se halla en constante movimiento, recorriendo caminos y perdiéndose. Unos huyen de la guerra, otros de la sequía, los de más allá del hambre. Huyen, deambulan, se extravían.” (Pág. 244). “Todo lo que hay en su vida es provisional, inestable y frágil.” (Pág. 125). El hambre que muerde los estómagos de los bayaye (desarraigados urbanitas que palian su obligada abstinencia con un trabajillo si tienen la suerte de poseer un pico, una camisa o un machete) y la búsqueda de sombra son los dos objetivos infatigables que anhela todo africano paliar y conseguir, respectivamente. “El mundo africano (…); es un mundo pobre, de lo más sencillo y elemental, reducido a unos pocos objetos: una camisa, una palangana, un puñado de grano, un sorbo de agua. Su riqueza y diversidad no se expresan bajo una forma material, concreta, tangible y visible, sino en esos valores y significados simbólicos que dicho mundo confiere a las cosas más sencillas, (…)” (Pág. 334). Esto eleva a sus gentes a la trascendencia, a la dependencia comunal y espiritual. Esta interdependencia se expresa magníficamente bien en la cultura africana, que es una cultura del intercambio, del regalo, de la reciprocidad y el hecho de manifestarse en contra, contrae necesariamente alguna desgracia. Por esta razón, “(…) existe la división en agricultores y pastores de ganado, en soldados y oficinistas, en sastres y mecánicos; es un hecho. Pero lo más importante radica en otra cosa, en lo común y compartido: en que todo el mundo comercia.” (Pág. 315).
Kapùscinski se pregunta qué hacer con aquellos millones de personas que no tienen en qué trabajar para valerse por sí mismos con el objetivo básico de comer, beber, vivir con dignidad… Un lugar donde se mata por un puñado de arroz o un cuenco de maíz. Reflexiona comparativamente entre su mundo occidental y otros, llegando a la conclusión de que “(…): la fuerza de Europa y de su cultura, a diferencia de otras culturas, radica en su capacidad crítica y, sobre todo, en su capacidad para la autocrítica.” (Pág. 240). “En lugar de sentido autocrítico, llevan dentro un montón de resentimientos, complejos, envidias, rencores, enojos y manías.” (Pág. 241). Quizá, ¿la clave del éxito?



sábado 21 de enero de 2012

The Grapes of Wrath


The Grapes of Wrath, Jh. Ford, EE.UU. 1940

El gran cineasta irlandés John Ford dirigió la película The Grapes ofWrath/Las Uvas de la Ira (1940), basada en la obra del premio Pulitzer (1940) John Steinbeck que trató el impacto de la Crisis de 1929 en la América profunda. El estudio de la Historia puede aparecer –si se es fiel a la misma- bien reflejada a través de la caracterización de los personajes que encaran un film para hacer llegar al espectador algo más que una retahíla de datos fríos y exentos de emoción. En este caso, Ford, refleja muy bien la situación de los hombres del campo estadounidenses en los años treinta por medio de unos intérpretes que evocan con gran naturalidad los efectos de la depresión económica que llevó al paro –sólo en los EE.UU.- a unos diez millones de personas.
En la Las Uvas de la Ira, un ex convicto Tom Joad (Henry Fonda) que se reúne con su familia en Oklahoma, observa cómo han emigrado forzosamente –junto a todos los vecinos del lugar- hacia California, en un viaje penoso hacia un dorado que jamás llegará. El papel de la familia luchadora e infatigable lo representa la oscarizada Jane Darwell (Ma Joad) que jamás se rinde a pesar de las enormes dificultades y desesperanzas con las que tiene que lidiar.
En este estudio de las mentes populares, aparecen las figuras de los rojos (“agitadores” en la traducción española de la época) que reivindican unos derechos sociales basados e la justicia y el derecho americanos. Combina, John Ford, la estética (claroscuros del caravagismo que dan unos fuertes contrastes de la dura realidad por la que atraviesan los actores, combinación de los planos detallistas y generales, flashback para contar cómo fueron hechos pasados, etcétera) con la ética a favor de los más desfavorecidos que fueron los que más sufrieron las “(…) consecuencias terribles como la reducción del crédito nacional e internacional, con la consiguiente retirada de capitales del mercado, que acarreó la crisis financiera de los bancos mundiales y la caída de precios debido al recorte crediticio que trajo consigo la acumulación del almacenamiento y una reducción en el poder de compra, los precios bajaron para poder salir el producto al mercado y ser vendido.” (VARGAS EZQUERRA, Juan Ignacio, La Génesis del Mundo Actual. Del alba al ocaso de Europa (B-4874-11), Pág.: 228). En román paladino: desempleo, desigualdades sociales, ruina de pequeños negocios, agricultores sin tierra, gansterismo de los poderosos, desesperación y crisis existencial.
Un clásico, no ya por el planteamiento cinematográfico e histórico, sino por ser el reflejo de lo que hoy vivimos con la crisis económica mundial que –algunos- no quisieron ver en su día y –hoy- sufrimos todos.



jueves 12 de enero de 2012

Katyn



Katyn, A. Wajda, Polonia, 2007

Polonia. Un país que estuvo muchísimos años en manos de extranjeros (1772-1918) tales como de prusianos, rusos y austro-húngaros, y cuando consiguió la independencia política -al acabar la Gran Guerra- fue dirigida por una dictadura militar (desde 1926) al mando de Pisuldsky. Tras el Paco de No Agresión germano-ruso, fue invadida por estas potencias totalitarias y arrasaron con toda le elite polaca, especialmente en los bosques de Katyn por mano soviética donde llevaron a término un genocidio que acabó con más de 20.000 personas. Por su parte, los alemanes, llevaron en territorio polaco el gueto de Varsovia donde aniquilaron a miles de judíos, sin contar con los lager tan crueles como el desgraciadamente famoso de Auschwitz-Birkenau, donde fueron ejecutadas millones de personas. (VARGAS EZQUERRA, Juan Ignacio, La Génesis del Mundo Actual. Del alba al ocaso de Europa [B-4874-11], Pág. 253).
Este es el panorama histórico en el que Andrzej Wajda (víctima por vía paterna del genocidio) plasma maravillosamente cómo en la primavera de 1940 –meses después de la invasión germano rusa de Polonia- los soviéticos “purgaron” a toda la oficialidad del ejército, catedráticos y maestros, sacerdotes y religiosos, intelectuales y periodistas… con el único objetivo de eliminar físicamente cualquier tipo de posible resistencia de la élite polaca, tal y cómo se demostró al acabar al II Guerra Mundial; primera república popular comunista y primera en deshacerse del yugo soviético.
En Katyn, se reproduce los momentos de angustia con la que los polacos –militares, catedráticos- fueron ejecutados en el bosque ucraniano homónimo (al estilo del genocidio español en Paracuellos). Emplea Wajda diversos “flashback” durante la película, en la que se ve cómo reaccionan los familiares de los asesinados tras la guerra, cuyas nuevas autoridades pro rusas mintieron sobre los hechos, achacándolo a los alemanes.
Un film, en definitiva, dramático, comprometido con la verdad y valiente en la exposición de los hechos. Muy recomendable.

jueves 5 de enero de 2012

Un arco iris en la noche



LAPIERRE, Dominique, Un arco iris en la noche. El convulso nacimiento de Sudáfrica, Barcelona, Planeta, 2010

El autor francés, Dominique Lapierre, autor de obras famosas de intriga como ¡Oh, Jerusalén!, ¿Arde Paris? o El quinto jinete (junto a Collins) inspiradas en hechos históricos del siglo XX, cambio su rumbo literario a favor de los más necesitados como La ciudad de la alegría y Más grandes que el amor. Obras, las de este diplomático, aventurero y escritor, que le han dado fama en el panorama literario mundial.
Sin embargo, a mi modo de entender, Un arco iris en la noche, a pesar de que busca la denuncia del apartheid sudafricano a través de su historia, no está a la altura de sus anteriores novelas. África del Sur, un subcontinente plagado de pueblos distintos entre sí, fue colonizada por protestantes holandeses e ingleses. Aunque el Cabo de Buena Esperanza fue circunnavegado por el navegante portugués Bartolomé Díaz (1486) y levantado cartográficamente por su compatriota Vasco de Gama (1497), no fue hasta mediados del siglo XVII (1652), cuando el holandés Jan van Riebeeck –de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales- estableció un puerto en Ciudad del Cabo, cuando empezó a ser colonizada por europeos. El carácter fundamentalista de su mesianismo hereje, no intentó mantener contacto alguno con las tribus y pueblos autóctonos de lugar (xhosas y zulúes) ya que sólo interesaba establecer una factoría para abastecer a los holandeses que iban a las Indias Orientales (archipiélago de Indonesia). Sin embargo, sus aventuras interiores no fueron de precisamente edificantes (esclavitud y exterminio), en lo relacionado con los negros de la región. A finales del siglo XVIII, los británicos –en su conquista por las rutas marítimas que los harán famosos en el siglo XIX-, la conquistaron y expulsaron a los nativos holandeses (afrikáneres) hacia el interior.
Es la década que va de 1883 a 1890, en que las compañías británicas -empresas particulares que se lanzaron a explorar lo ignoto con fines comerciales, estratégicos y científicos- se internaron a explorar la cuenca del río Níger, la zona de los Grandes Lagos, Uganda y Zanzíbar, la zona del Transvaal y Bechlandia y las costas de Gambia y Sierra Leona. Destacaremos entre éstas a la Compañía Real del Níger, la Compañía del África Oriental, la Compañía Imperial del África Oriental, la Compañía de los Lagos y la Compañía de Sudáfrica. La Gran Bretaña controló casi todo el centro y sur del mismo, así como lugares en el oeste y norte: Egipto, Sudán anglo-egipcio, Uganda, Kenia, Somalia británica, Rodesia, Bechlandia, Unión Sudafricana –tras el conflicto con los bóeres- y las islas de Socotora, Seychelles y Mauricio.
En Sudáfrica, esta política expansionista, produjo más matanzas entre europeos (Guerras de los Bóeres 1880-1881/1899-1902), demostrando una vez más las ansias imperialistas de los británicos a cualquier precio. De resultas de la cuestión, los blancos se fueron adentrando más y más al interior de la actual República de Sudáfrica, impregnándose su sociedad de un racismo –muy decimonónico- que tendrá su paroxismo filo fascista a partir de la segunda mitad del siglo XX: el apartheid. El autor aporta en los anexos del libro una serie de leyes que pone los bellos de punta sobre cómo los anglo africanos trataron salvajemente a los nativos de lugar; tal y cómo hicieron con los indígenas de América del Norte, pero con un estilo más depurado e hipócrita.
Sin embargo, Lapierre, destaca personajes que dieron cierta esperanza en un mundo tan deshumanizado, como fueron la ortofonista Helen Lieberman y el cirujano Christian Barard. Dos blancos en un mundo de negros, que entendieron más lo que les unía que lo que les separaba. También, Un arco iris en la noche, nos relata los orígenes terroristas de Nelson Mandela y su lucha violenta –en un principio- y pacífica y reconciliatoria –después- que dio la libertad real –tras más de 300 años de colonización- al pueblo de Sudáfrica.

lunes 26 de diciembre de 2011

1492: La Conquista del Paraíso



1492: The Conquest of Paradis, R. Scoot, España/Francia/Reino Unido, 1992

La historia es conocida. Un navegante genovés, al servicio de cualquier potencia de la época (Portugal, Castilla) que desease secundar sus aventuras marítimas, sus sueños de llevar a cabo una nueva ruta de las especias, más corta y ventajosa para aquel reino que la descubriese. Mucho se ha escrito sobre el conocimiento del continente americano por parte de pueblos nórdicos europeos o incluso orientales, o de la existencia de un mapa en la corte otomana. Sin embargo, el hecho real e histórico que cambió al mundo fue el descubrimiento de las Indias Occidentales por parte de Cristóbal Colón (Gérard Depardieu) al servicio de los Reyes Católicos de España en 1492.
A pesar de las leyendas (el pago de las joyas de la reina -Sigourney Weaver- para los gastos del viaje) la realidad es que fue un judío converso (el tesorero de la Corona de Aragón, Luís Santángel -Frank Langella-) quién se ofreció a sufragar la gesta. Por entonces, la Cristiandad, se encontraba atemorizada por la Sublime Puerta tras haber dado el golpe de gracia al otrora Imperio Romano de Oriente (Bizancio y actual Estambul) cuarenta años antes y monopolizado el tráfico de las especias, en la múltiple e intrigante península itálica surgía un movimiento artístico y cultural basada en los clásicos -el Renacimiento-, las luchas cesaropapistas no tardarían en llevar a la ruptura más importante del mundo cristiano –el protestantismo-, en Iberia, los monarcas Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla (nominados por el pontífice como “Reyes Católicos”) habían expulsado finalmente al último rey moro de España; el nazarí Muhammad XI, conocido como Boabdil “el Chico” y los portugueses abrían nuevas rutas comerciales por África (cabo de la Buena Esperanza) gracias a reyes tan emprendedores como Enrique IV “el Navegante” y no depender de turcos, venecianos o genoveses para obtener los productos asiáticos.
Estando así las cosas, un monarca aragonés –inspirador de Il Príncipe de Niccolò di Bernardo dei Machiavelli- que vio cómo se podía acrecentar la unión dinástica española y otra castellana intuyó la oportunidad, además de las miras políticas de su consorte, de llevar a Dios infinidad de almas, como así fue. Tras la reconquista de Granada, el 2 de enero de 1492, las carabelas andaluzas de la Nao, la Pinta y la Santa María zarparon el 3 de agosto de ese año rumbo a lo ¿desconocido? El 12 de octubre de dicho año, arribaron a la isla de Guanahani (San Salvador, archipiélago de las Bahamas), seguido de las Antillas y Tierra Firme. Todo un mundo se abrió para España, Europa y la tierra toda.
La película tiene fallos históricos (levantamiento de una portada renacentista cuando Castilla vivía en el Gótico flamígero o las espuelas para montar cuando no existían de ese estilo, sin olvidar un escote espectacular para una Reina que no lucía semejantes hechuras…) amén de cierto sesgo ideológico (la sustitución de la media luna granadina por la cruz cristiana, al amparo de las antorchas inquisitoriales es una burdo desprecio por la verdad histórica) que no quita la magnífica puesta en escena, la fantástica fotografía o la inconmensurable melodía de Vangelis.

lunes 19 de diciembre de 2011

Un mundo en guerra



HOLMES, Richard, Un mundo en guerra. Historia oral de la segunda guerra mundial, Barcelona, Crítica, 2008

La imagen y la palabra, el documental y las declaraciones de testigos principales fueron los ingredientes básicos de Un mundo en guerra, en palabras de Jeremy Isaacs director de The World at War (1973-1974). La música y la voz del narrador dieron la visión de conjunto. Por su parte, Richard Holmes, empleó 280 transcripciones de las 368 existentes, destacando la escasa información habida por parte de los soviéticos y europeos del este, ya que el documental se realizó en plena Guerra Fría. De hecho, contrasta la escasa información existente del Frente Oriental, ante la numerosa de la batalla del Atlántico, el Día D, el frente del Pacífico o el Holocausto, por ejemplo. Políticos, militares de alta graduación, espías y periodistas, junto con soldados, suboficiales, prisioneros de los campos, obreros y amas de casa son los protagonistas de la Historia oral de la segunda guerra mundial. Los 35 capítulos de los que consta el libro, tienen una interesantísima introducción histórica que enmarca bien los testimonios posteriores que se dan en cada uno de ellos. Además, hay un largo listado biográfico de los entrevistados para que, el lector, pueda y sepa de quién se está hablando.
Por mi parte, me he atrevido hacer un resumen de lo que supuso la II. ª Guerra Mundial, que no tiene porqué coincidir con la estructura hecha por Richard Holmes, pero que sí pertenecen a la obra del historiador Juan Ignacio Vargas (La Génesis del Mundo Actual. Del alba al ocaso de Europa, págs.: 268/275) con el fin de dar una visión de conjunto de los hechos que se narran en el libro:

"El mundo en guerra (1939-1945)
Hay que tomar en consideración muchos aspectos, como el potencial bélico de los contendientes –en especial el alemán, el estadounidense y el ruso-, la acción de mando de Hitler, la importancia de las reservas (petróleo, carbón, caucho, algodón, hierro, equipo eléctrico, níquel, cobre y plomo) tan necesarias para la guerra, la logística (avituallamiento de municiones, combustible y víveres) imprescindible para el desarrollo de las ofensivas, la revolución científica durante el conflicto y la creación de nuevo armamento (radar, carro de combate, aviones-cazas, aviones-bombarderos, aviones de reconocimiento, minas magnéticas y acústicas, bazooka/contra carro, misiles V-1 y V-2, submarinos, la bomba de átomos) que se dieron a lo largo de todos los años de campaña, la renovación de las tácticas (los paracaidistas y la retaguardia enemiga, la movilidad del carro de combate, la Blitzkrieg frente al concepto estático o posicional, el bombardeo masivo de zonas civiles) que se dieron en todo el teatro de operaciones mundial. Las principales etapas fueron:

El III Reich invadió Polonia, Dinamarca, Noruega y Francia mediante la Blitzkrieg. Batalla aérea de Inglaterra
El 1 de septiembre de 1939, la Wehrmacht entró en Polonia, mientras que el Reino Unido y Francia le declaraban la guerra. Apoyándose en su pacto con el Reich, la U.R.S.S. atacó Polonia desde el este e invadió además las repúblicas bálticas de Estonia, Letonia y Lituania, así como también atacó a la escandinava Finlandia. El 9 de abril de 1940, Alemania aplicó de nuevo la Blitzkrieg y ocupó Noruega y Dinamarca; al norte de Escandinavia, un contingente de tropas especiales franco-británicas quedó aislado y debió evacuar su posición ante el avance germano en el continente. En el Reino Unido, Winston Churchill se hizo cargo del Gobierno. El 10 de mayo se produjo el esperado ataque alemán al frente occidental; Holanda se rindió -tras el bombardeo de una Rotterdam ya vencida- y la siguió Bélgica
Los ejércitos franceses fueron derrotados, y la supuesta infalibilidad de la Línea Maginot fracasó al ser rodeada por detrás. A finales de mes, alrededor de 350.000 soldados británicos enviados a Francia fueron duramente reembarcados en Dunkerque, huyendo del avance alemán. Mientras, los dirigentes de la República francesa escaparon de la rápida invasión alemana. Mussolini aprovechó la situación para declarar la guerra –a traición- a la fenecida Francia, y ocupó las regiones limítrofes del valle de Aosta. El 22 de junio, el mariscal Pétain solicitó el armisticio. El país quedó dividido en dos: la Francia ocupada y la Libre o colaboracionista de Vichy. En agosto comenzó la célebre Batalla de Inglaterra, cuando la potente Luftwaffe se batió en el aire con la Royal Air Force (RAF), de la que salieron aventajados los ingleses, librándose de este modo de una invasión en toda regla, aunque no de los bombardeos continuos hasta el final de la guerra.
Hitler aseguró, además de su alianza con Italia y Japón por el pacto del Eje (septiembre de 1940), la no intervención de España, Suecia y Suiza, además de la firma de otro tipo de acuerdos de colaboración con Hungría, Rumania, Bulgaria y Turquía. A principios de 1941, la desastrosa invasión italiana de Grecia obligó a los alemanes a intervenir en los Balcanes y retrasar la invasión de Rusia. Los españoles, a pesar de las apetencias sobre Gibraltar y el Marruecos francés, no entraron finalmente en una nueva guerra y apoyaron simbólicamente con la célebre División Azul, para luchar contra el comunismo ruso, al lado de los alemanes.

Tanto la U.R.S.S. como los EE.UU. entraron en la Guerra junto a los Aliados
El 22 de junio de ese año dio comienzo la Operación Barbarroja, consistente en invadir la Unión Soviética. Fue el mayor despliegue de fuerzas nunca visto (4.000.000 de hombres –y su correspondiente material de guerra- frente a 4.500.000 del Ejército Rojo. Este hecho supuso un gran alivio para la Gran Bretaña. Pero la guerra dio un vuelco total tras el bombardeo de la base estadounidense de Pearl Harbor en el archipiélago de Hawai, el 7 de diciembre de este miso año. Por esta agresión a suelo americano, los EE.UU. abandonaron su -hasta ahora- neutralidad (excepción hecha de alguna ayuda emblemática de voluntarios y de material bélico a Inglaterra), y aplicó todo su enorme potencial humano e industrial en contra del expansionismo del Eje por todo el mundo; concretamente al Reino Unido y a la Unión Soviética.

El imparable avance del Japón fue frenado en las islas Midway por los norteamericanos
A partir del ataque por sorpresa nipón a las islas americanas de Hawai, todo el océano Pacífico y el Extremo Oriente fue el campo de batalla entre los Estados Unidos de América y el Imperio del Sol Naciente. La intervención norteamericana detuvo este arrollador avance, que había entregado a Tokio la rápida dominación de la colonia francesa de Indochina, la británica de Birmania, el archipiélago de las Filipinas y otras muchas de la Polinesia. Contención y avance que se plasmaron en algunas de las batallas decisivas de la guerra como Guam, Tarawa, Midway y Guadalcanal con un gran coste de vidas humanas para ambos contendientes.

La operación “Guerra Relámpago” alemana fue frenada en el frente ruso (Stalingrado) y africano (El Alamein)
Detenida la invasión en las puertas de Moscú y Leningrado, los alemanes se lanzaron en vano contra los yacimientos petrolíferos del Cáucaso. El Ejército Rojo resistió el embate y contraatacó: el 31 de enero de 1943 la Wehrmacht sufría su primera gran derrota; en la batalla murieron más de 300.000 soldados alemanes. En julio de ese mismo año los aliados desembarcaron en Italia, a la vez que el dictador fascista era retirado del poder. Durante dos largos años, la península itálica fue un duro campo de batalla entre las tropas angloamericanas y las alemanas. Para contrarrestar la presión alemana sobre las islas británicas, los ingleses buscaron un lugar de lucha fuera de su región: el norte de África, sede de colonias francesas, italianas e inglesas. El Afrika Korps fue un peligro para las ratas del desierto británicas, que se vieron la cara en las batallas de Tobruk y El Alamein. Desembarcados los americanos en Marruecos y Argelia en noviembre de 1942, remataron a las fuerzas del Eje en el subcontinente árabe.

Avance aliado en Europa del Este por los soviéticos y del Oeste, tras el desembarco de Normandía, por los angloamericanos
Mientras que en el este se producía el imparable avance soviético –a costa de muchas vidas- que amenazó a los países eslavos satélites del III Reich, los aliados prepararon el golpe certero al Imperio alemán: el desembarco en Normandía. La Operación León Marino, apoyada por 14.000 bombarderos comenzó el Día “D” a la hora “H”, 6 de junio de 1944. Unas 7.000 embarcaciones transportaron desde la vecina Inglaterra 3.000.000 de hombres y una enorme cantidad de carros de combate, vehículos blindados y demás material de guerra jamás vista hasta entonces. La resistencia alemana fue fuerte, pero no pudo impedir el avance aliado; Paris fue liberado el 25 de agosto.
Por el este, las tropas soviéticas avanzaron mientras que el ejército patriótico polaco se levantó en Varsovia, con la esperanza –cínicamente frustrada- de ser liberados por el Ejército Rojo, que prefirió ver cómo destrozaban toda posible resistencia interna ante un futuro gobierno polaco comunista pro soviético, como así ocurrió. Junto a este levantamiento eslavo hubo otro más al sur, en los Balcanes, cuyos partisanos comandados por el yugoslavo Tito liberaron la capital Belgrado. Los rusos entraron a su vez en Budapest (Hungría), Praga (Checoslovaquia) y Viena (Austria), mientras que los alemanes tuvieron una situación cada vez peor en la zona báltica.

Derrota del Eje, en Europa, gracias al efecto tenaza aliado y, en Asia, a las bombas atómicas
El 30 de abril de 1945, Hitler se suicidó en la cancillería de un Berlín ya tomada por los soviéticos. Entre el 7 y el 9 de mayo, Alemania capituló incondicionalmente. Millones de personas huyeron del este al oeste, frente a la bárbara actitud rusa en los países liberados. De los lager alemanes descubiertos en el avance aliado occidental y oriental quedó el resto de los 6.000.000 de judíos vilmente asesinados, sin olvidar otras minorías étnicas o ciudadanos de todos los países de Europa. Un horror sólo superado por los gulags soviéticos que jamás fueron liberados… Una guerra cruel y muy reñida, que no acabó hasta que los estadounidenses bombardearon las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, rindiéndose incondicionalmente el Japón el 2 de septiembre."

En definitiva, la obra de Richard Holmes - Un mundo en guerra. Historia oral de la segunda guerra mundial- es un libro muy recomendable para todo aquel que desee conocer y profundizar en lo que fue la última gran conflagración mundial.


lunes 12 de diciembre de 2011

The 39 Steps

The 39 steps, A. Hitchcock, Reino Unido, 1935

Alfred Hitchcook adaptó en 1935 la novela del escocés John Buchan -The 39 steps una trama espionaje ambientada en el Reino Unido de la Gran Guerra Europea- que llegó a convertirse en una de las primeras películas más apreciadas por los británicos a finales del siglo XX. De todos modos, Hitchcook, añadió su toque personal: un romance entre el protagonista principal Richard Hannay (Robert Donat) y la señorita Pamela (Madeleine Carroll), sin olvidar algunos toques de comedia en un drama donde la muerte y la traición están a cada escalón…
Un joven e inocente Robert se vio envuelto en el asesinato de la agente Smith –y acusado por ello-, por causas que desconoce pero que su afán por la justicia y por resarcir su buen nombre, le llevará a un peligroso viaje desde Londres hasta las brumas de Escocia para averiguar la verdad del caso. Un respetable e intrigante profesor Jordan (Godfrey Tearle), una caritativa granjera (Peggy Ashcroft) y un extravagante “señor Memoria” (Wylie Watson) pasarán por la vida del héroe inglés que salvará a su patria de unos desalmados espías -sin proponérselo inicialmente- pero que, la gravedad de los hechos, le harán recorrer la mayor aventura de su vida.


lunes 5 de diciembre de 2011

Soy tu Madre



GUERRA, Héctor y LEDESMA, Juan Pablo, Soy tu Madre. El amor filial y la amistad con María, Barcelona, Planeta, 2010

Esta obra, escrita por los mismos autores de ¡Venid y veréis!, es una muestra del amor de unos hijos por su madre. Pero, en este caso, se habla de una madre muy especial. Una madre muy conocida por toda la humanidad. María de Jerusalén, es la mujer más amada, nombrada, aclamada, llorada, besada, exaltada, cantada, pintada, esculpida, escrita, poetizada, filmada, etcétera en todas las lenguas y estilos artísticos, por parte de todos tipos de corazones e inteligencias, por tantos  millones de personas durante los últimos cuatro milenios.
Myriam o Maryam, hija de Joaquín y de Ana, nació en la capital del reino de Judea, en el siglo I a. C. Fue una muchacha dócil y buena por su condición de Inmaculada –concebida sin mancha de pecado original-, al servicio de Iahvé en su Templo jerosolimitano, que había decidido vivir virgen al servicio de Dios pero que, a su vez, estaba prometido con José, un artesano nazareno. Una joven –adolescente diríamos hoy- estando en oración, recibe la noticia divina –por parte del ángel Gabriel- de que Ella ha sido elegida para ser la Madre del Mesías, del Redentor. Sus palabras –recogidas en la oración del Ángelus- manifiestan su humildad y disponibilidad. Un sí que acarreó el odio eterno de los ángeles diabólicos y el alegre gozo y gratitud de la Humanidad entera. Si por Eva entró la muerte, por María, la salvación. Esta joven deposada ya con un justo José, sufrió el dolor desde su valiente fiat! desde la persecución del reyezuelo sanguinario Herodes, pasando por las profecías de Simeón y Ana en el templo jerosolimitano hasta ver cómo rumoreaban, hasta darle caza, a su Hijo. Vio y sufrió la Pasión, Muerte y Resurrección junto a Él infinitamente más que cualquier otro ser humano de todos los tiempos. Fue la primera en recibir su Comunión, en repasar su vía crucis, en verlo resucitar… Cuando oímos las parábolas de Jesús sobre el Reino de los cielos –por ejemplo- estamos escuchando a su Madre contar las anécdotas de día, los hechos acaecidos. Al oírle a Él, vemos a Ella cómo cose, friega, limpia, viste, ordena, ríe, ora y calla, sufre en silencio, ama sin medida…
La maternidad divina, su concepción inmaculada, su virginidad perpetua, su asunción corpóreo-espiritual y su corredención, son los dogmas de fe marianos que todo cristiano se enorgullece de saber y conocer. Es una maravilla saber que el mundo entero tiene alguien a quien MAlabaRImitarAmar, alguien real y viviente, no únicamente un personaje histórico maravilloso por sus virtudes heroicas –que lo fue-, ni tan siquiera alguien por cuya fama mundial le han levantado templos en multitud de lugares como Zaragoza (España), Jerusalén (Israel), Roma (Italia), Constantinopla (Turquía), las Américas, África, etcétera. Sino que, además, Ella es la Madre de Dios y de todos los Hombres, que viene a nosotros para darnos a conocer la urgencia de nuestra conversión que ya el Padre predijo a su Pueblo: “Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar, y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.” (Ez 36, 25-27). Y, hoy, su Pueblo es la Iglesia y todos aquellos que quieran acoger la Palabra de Dios en sus vidas y la ponga por obra.

lunes 28 de noviembre de 2011

Stagecoach



Stagecoach, Jh. Ford, EE.UU., 1939

Un director irlandés –John Ford- y una genial película –Stagecoach- hacen la mejor mezcla para empezar este año el IX Ciclo de Cine-Fórum Alumni Navarrenses en la ciudad condal. Con la inapreciable colaboración del catedrático J. M. ª Caparrós, se observa en La Diligencia, un auténtico retrato de la sociedad norteamericana de la pre guerra. Los pasajeros del carruaje son: un forajido con corazón de oro –John Wayne-, una tunanta con ansias de redención –Claire Trevor-, un doctor en permanente embriaguez –Thomas Mitchell-, un elegante y enamoradizo caballero sudista –John Carradine-, un bonachón carretero -Andy Devine-, un competente sheriff -George Bancroft-, un inocentón representante de whisky -Donald Meek-, una distinguida esposa de militar -Louise Platt- y un banquero sinvergüenza con aires de respetabilidad -Berton Churchill-. Todos ellos, recorrerán juntos una serie de puestos fronterizos devastados por los apaches en pie de guerra contra el hombre blanco.
Los valores tradicionales como el amor a la patria –y su garante, el ejército-, las mujeres decentes o no pero con carácter, los perdedores de la colonización angloamericana –los indios-, el uso de las armas como valederas para hacer justicia, la lealtad, el valor y, cómo no, el amor y el perdón que lo arregla todo. John Ford intenta reflejar en esta cinta de western –clásico del género y catalogada como la 22ª más importante de la Cinematografía mundial- estos y otros valores que hicieron grande, en su día, la sociedad norteamericana.

lunes 21 de noviembre de 2011

Juan Bautista Sánchez González: “Al honrado soldado y modelo de caballeros”




A final de la década de los cincuenta la tensión que se dio, entre el Generalato del Régimen, por la transición hacia un régimen monárquico en la figura de Juan de Borbón, desapareció con la muerte del Teniente General Juan Bautista Sánchez González (1893-1957). Tras él, las otras figuras militares incómodas –por otros motivos- al Caudillo (García Valiño y Muñoz Grandes) no tardaron en desaparecer; la figura de Kindelán, ya era historia. El Franquismo se redirigió hacia gobiernos tecnócratas –ligados a la ACDP y el OD- y se abrió con éxito hacia el Exterior,  tanto política como económicamente.
Sánchez González fue un militar africanista que luchó bravamente en las guerras de Marruecos (campañas del Rif, Desembarco de Alhucemas) y España (Levantamiento del 16 de Julio, cinturón de Bilbao, Covadonga, Brunete, Teruel, Belchite, Castellón, liberación de Barcelona y llegada a Le Perthus) y, ocupó con posterioridad, los más altos mandos como capitán general de varias regiones militares. Su obra no pasó nunca inadvertida por todo aquel que le conoció, destacando su valentía y bondad, honradez y austeridad que provocaron el sonrojo, en más de una ocasión, tanto a compañeros de armas como a personal civil con el que se topó a lo largo de su vida. A la par que despertó la admiración y el cariño de muchos, suscitó el recelo de quiénes no se atrevieron a tener ideas propias, en un mundo difícil y convulso como el que le tocó vivir a Juan Bautista. Su muerte se convirtió en la mayor manifestación de duelo que vivió la ciudad de Barcelona en décadas y que no se ha vuelto a conocer hasta la fecha.

Recibió todo tipo de condecoraciones (Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo, tres cruces de 1. ª Clase del Mérito Militar con distintivo rojo, Medalla Militar, Cruz Roja del Mérito Militar, entre otras muchas) por sus campañas marroquíes y españolas. Sirvió al mando de diferentes regimientos de Infantería y tabores de Regulares en las campañas africanas, destacando en el Desembarco de Alhucemas (1926) cuando “(…) fue gravemente herido de tres balazos en el brazo izquierdo y citado como muy distinguido por el Jefe de la columna” (AGM, Expedientes Personales, Tte. Gral. J. B. Sánchez-González, Hoja n. º 25).

Pacificado Marruecos –y ya con el rango de coronel- fue el primero en ponerse al frente de la sublevación militar –antes que Sanjurjo, Mola o Franco- cuando en “La noche del 16 de Julio, inició el Movimiento Nacional en el Rif, sublevando en Torres de Alcalá el Tercer Tabor de Regulares de Alhucemas n. º 5, y poniéndole en movimiento secretamente, hacia Villa Sanjurjo. Al día siguiente, tan pronto tuvo conocimiento de la sublevación de Melilla y aunque no se había recibido la contraseña telefónica convenida con Ceuta, sublevó el resto de las guarniciones del Rif, apoderándose de Villa Sanjurjo y de toda la Región Rifeña, que quedó incorporada a las veinte horas del citado día 17 de Julio, a la España Nacional.” (AGM, Expedientes Personales, Tte. Gral. J. B. Sánchez-González, Hoja n. º 36), hecho que no pasó por alto Azaña que –junto a otros- fue dado definitivamente de baja del Ejército de la República (Gaceta de Madrid, n. º 235, 22/08/1936). Curiosamente el Generalísimo sí lo hizo, cuando se refirió sobre este hecho años más tarde (FRANCO SALGADO, Francisco, Mis conversaciones privadas con Franco, Barcelona, Planeta, 1976, Pág. 184), quizá en un alarde de memoria selectiva… Sánchez González estuvo en todos los frentes importantes de la Guerra Civil Española al mando de su V. ª Brigada de Navarra: rompió el “cinturón de hierro” de Bilbao, liberó a la Santiña de Covadonga de ser pasto de las llamas, luchó en las batallas de Brunete y Teruel, tomó Belchite (Hemos entrado en Belchite/y hemos puesto una bandera/con un letrero que dice/con Bautista no hay quien pueda/ ¡No hay quién pueda, no hay quién pueda/con la V. ª de Navarra!) y rompió en dos al enemigo al llegar hasta el Mediterráneo (Castellón). Pero lo más reseñable fue la liberación de Barcelona: “Ese mismo día 29, resueltas las escasas escaramuzas, a las 19 horas, el general Juan Bautista Sánchez, lanzaba un discurso por la Radio: ¡Catalanes! Hace pocos momentos que el glorioso ejército español comenzó a entrar en la ciudad de Barcelona. Tomada ya totalmente la población, las fuerzas desfilan tranquilamente por las calles levantando indescriptible entusiasmo. La muchedumbre vitorea a los soldados. Ciudadanos ¡engalanad vuestros balcones! Os diré en primer lugar a los barceloneses, a los catalanes, que os agradezco con toda el alma el recibimiento entusiástico que habéis hecho a nuestras Fuerzas Armadas. También digo al resto de españoles que era un gran error eso de que Cataluña era separatista, de que era antiespañola. ¡Debo decir que nos han hecho el recibimiento más entusiasta que yo he visto! (…) He asistido a la conquista de las cuatro provincias del Norte; he paseado la Bandera Nacional y el Escudo de Navarra por Aragón, por Castellón, por todas partes y en ningún sitio, os digo, en ningún sitio nos han recibido con el entusiasmo y cordialidad que en Barcelona.” (BARRAYCOA, Javier, Historias ocultadas del nacionalismo catalán, Madrid, Libros Libres, 2011). Finalmente, con el alma encogida pero con el orgullo del deber cumplido, vio como se izaba la Bandera Nacional en el paso francés de Le Perthus.

Sánchez-González, al igual que muchos de sus compañeros de armas y compatriotas fue monárquico por tradición y  convicción. Sin embargo, la figura legítima de esos ideales (Alfonso XIII) fue considerado por muchos de ellos como traidor, primero, con su marcha del país (1931) y las trágicas consecuencias que contrajo y, segundo, con su muerte (1941) en un momento tan crucial para  España, con una guerra civil recién acabada y un mundo en guerra… A pesar de que el Ejército Nacional fue profundamente franquista, al acabar la contienda se reavivaron las luchas internas por acceder al poder –tradicionalistas carlistas, falangistas y monárquicos juanistas- por cómo se debía de construir esa nueva España y por la que los regeneracionistas, de principios de siglo, tanto suspiraron.

Juan Bautista Sánchez González, fue nominalmente citado por el general Kindelán para un hipotético Gobierno Provisional de la Monarquía (1944) en el que recogió su nombre –entre otros- como ministro del Ejército. Sin embargo, nuestro protagonista, como miembro del Consejo Superior del Ejército fue llamado –entre otros generales- por Franco (1945) para reforzar su liderazgo ante las conspiraciones monárquicas por el intento de relevo de su persona al frente de España; su apoyo al Generalísimo fue recompensado –con el tiempo- con la Capitanía General de Cataluña. Sin embargo las cosas evolucionaron. Estando todavía como Capitán General de Aragón (1945-1949) fue contactado por Fal Conde (1945) a raíz del manifiesto de Lausana y ya, como Capitán General de Cataluña, empezó a mantener contactos con el conde de Ruiseñada (1950) e incluso invitó al Príncipe de EspañaJuan Carlos de Borbón y Borbón- a comer privadamente en Palacio (1955). Estos guiños a la Monarquía, unidos a las actuaciones retozonas, frente a la posición férrea del Caudillo, como fueron la omisión en ejecutar a los vencidos bajo su jurisdicción (1944) o la oposición a sacar las tropas durante las huelgas de los tranvías (1951 y 1957), no quitó que fuese procurador en Cortes y llamase a las cosas por su nombre.

El teniente general africanista se hallaba ya, desde la década de los cuarenta, “afectado de hipertensión arterial con ligero ensanchamiento del pedículo aórtico, dolor precordial y trastornos funcionales de la circulación general”. En este estado físico realizó en 1957 la visita periódica de Inspección a las obras y destacamentos junto a la frontera y, “(…)  El 30 del referido mes (enero), a las 9´45 horas, en su habitación del Hotel del Prado de Puigcerdá, donde se había trasladado con el referido fin, fallece víctima de un ataque al corazón, según manifestaciones de los médicos, (…).” (AGM, Expedientes Personales, Tte. Gral. J. B. Sánchez-González, Hoja n. º 48). Parece ser que los generales Ríos Capapé y Muñoz Grandes se personaron en la zona para darle a conocer su destitución –por orden de Franco- del mando de la IV. ª Región Militar. Si fruto del disgusto o la discusión mantenida -o ambas cosas- unido a su precario estado de salud antes mencionado, fueron la causa de la muerte de Sánchez González, queda a la discreción del lector. El hecho es que es el militar español contemporáneo más injustamente olvidado, tanto por los vencedores como por los vencidos, murió de una angina de pecho.

Por último, las muestras públicas y privadas de condolencia por la muerte del finado, llegadas de toda España y del extranjero, fueron miles y se manifestaron en firmas (4.271), tarjetas (1.515) y visitas personales (6.300), sin olvidar los telegramas y cartas que hicieron llegar a la viuda del difunto, Ana Pérez Benítez. La mejor herencia no fue precisamente la pecuniaria –más bien todo lo contrario- sino el hecho de que sus hijos y nietos, han figurado y figuran entre los mejores y más cualificados militares que ha tenido y tiene nuestro Ejército, destacando todos ellos por las virtudes familiares del fenecido, y que supo resumir Muñoz Grandes en la corona floral del sepelio: “Al honrado soldado y modelo de caballeros”.