Queridos compatriotas ¡españoles todos!En el día de hoy, víspera del día de la Hispanidad, recuerdo a los presentes la crónica mozárabe del siglo VIII titulada La pérdida de Hispania –justo después de la invasión islámica- en la que no sólo se añoraba el reino Hispano-visigótico desaparecido, sino la necesidad de recuperarlo. No era una mera visión nostálgica de un pasado rico y en paz, sino la firmeza en la defensa de su liberación con la mirada puesta en el futuro. ¡A esto conmino a los presentes!
Orgulloso de ser español
El que les habla, es un ciudadano español -aragonés por más señas- que encontró el amor de su vida en Barcelona. He vivido en varias ciudades de nuestra Nación y del extranjero a lo largo de toda mi vida; con lo que estoy habituado a convivir con gentes de nacionalidad, raza, lengua y costumbres distintas a la mía. Siempre me he sentido orgulloso de ser español allá por donde ha transcurrido mi existencia hasta llegar a la ciudad condal, donde -en según que ambientes- parece que uno debe de ocultar su amor por la Patria que le ha visto nacer, a la que ha jurado defender hasta morir y a la que ha contribuido modestamente a prosperar.
¿Cómo es que desoye por completo, la gran mayoría del arco parlamentario autonómico catalán, el sentir de los ciudadanos que representan? ¿Y qué decir de los representantes legales –aunque quizá no legítimos- del Gobierno nacional? Nuestros auténticos intereses no pasan por el desgajamiento de esta querida parte de España, ni por la imposición de la lengua autóctona en detrimento de la nacional, ni de la coacción laicista en la educación, ni de la liberada omisión de la defensa de los no nacidos y de los que están al borde de la muerte.
¿Es posible que estemos tan próximos a un paroxismo político-social sin precedentes? ¿Hasta cuándo el hastío de la población, por los asuntos públicos, continuará en una sociedad alelada por los medios y espiritualmente empobrecida?
Una nación fuerte reacciona frente a los ataques que se dan en su seno, las débiles son pasto de las llamas.
Desbarajuste nacional
Veo que el actual presidente de la "República Confederada de Iberia" sonríe pícaramente ante los bombazos que los cachorros etarras tan sólo explotan para desahogarse al más puro estilo euskaldún, de la opresora presencia castellana, en cualquier punto de nuestra España. También esboza una curva indecisa de sus labios ante el comportamiento espontáneo de los mozalbetes esquerristas que arrinconan a los patriotas catalanes mediante quemas de sedes populares, casas particulares o fotografías del Jefe del Estado así como el destierro de los acuerdos internos de la nación que firman los “próceres” de la patria a los representantes de la fuerza política más importante del país.
Está claro que el ciudadano medio no capta la fuerza purificadora del fuego en las relaciones tribales de nuestra confederación. Pero… yo me pregunto ¿Y el Rey, qué opina de todo esto?
Urgente movilización
El ciudadano medio español no se moviliza ni se movilizará -a excepción de ciertos sectores como los hoy aquí presentes- porque está espiritualmente muerto. Sólo piensa en cómo vivir más cómodamente todavía y no se plantea asuntos como la defensa externa y la unidad interna de la Patria, la protección de la vida en todas sus etapas, la enculturación cristiana de la sociedad -especialmente en la escuela-, la nominación correcta de los hechos y de las cosas para evitar confusiones de consecuencias incalculables, etcétera.
El nacionalismo ha sido siempre perverso, con aires de moderación junto con una gran mezcla de progresismo y revanchismo, elemento en alza que da muchos dividendos profesionales y sociales. a quién se suba a dicho carro ¡claro está!; de aquellos barros, tenemos estos lodos.
Si el hispánico no reacciona, es pasto de los hienas y de los buitres, autóctonos y foráneos. Sin fuerza para resistir ni intelectual ni moralmente los embates exteriores en un mundo cambiante, con un desapego de lo propio que lleva ineludiblemente a su desaparición ¡no ya como nación! sino como civilización; la Historia es tan evidente...
De todos modos, si fuera –el que les habla- de los que brindan y endulza los oídos de los presentes con vacuas promesas sin sentido, yo no dormiría tan tranquilo. Vivimos y existimos un número cada vez más grande de personas que organiza y participa en actividades de tipo social, cultural y político haciendo una labor de zapa a lo largo de todo el año. Es decir, sí que nos movilizamos las gentes de bien y de orden, puesto que tenemos claro que España es lo primero; y en ello estamos.
La mala educación progre
El panorama educativo actual es deprimente. El nivel de nuestros alumnos es el más bajo de todo la Unión Europea, con una metodología que no incentiva el esfuerzo personal en el estudio y el trabajo a lo largo de toda la vida académica de los mismos. A los padres se les obliga a acatar el centro educativo concedido por la administración bajo unos parámetros públicos estalinistas que eliminan la libertad de elección de centro amparado por la Constitución.
Frente a todo esto, el Gobierno quiere seguir manteniendo “el buen rollito” con la situación, ignorando a la gran mayoría de ciudadanos de este país. Las nuevas perspectivas no son halagüeñas puesto que la actual Ley es un “batiburrillo” de legislaciones anteriores que propicia la división del sistema educativo por autonomías de tal modo que, un alumno que realice sus estudios en La Coruña, Sevilla o Barcelona apenas estudiarán lo mismo. Destierra por completo la formación religiosa y ética de los colegios al no evaluarla y sacarla del horario escolar, por no considerarla como un derecho inalienable de la persona sino como una opción personal (¡como el cambio de sexo, vamos! tal y como dirían algunos “progres”) y eso que, todos los años, una media del 80% de los padres la solicita.
Ahora, no hay por qué lamentarse, ya que nos devuelven a cambio el nuevo talante con la Formación del Espíritu Nacional de tiempos pretéritos bajo el nombre de Educación para la Ciudadanía, pero claro ¿de cuál de las diecisiete comunidades, regiones o nacionalidades? ¡Quizá tengamos una o quizá cincuenta y una…! Ya se sabrán el programa ¿no?: misoginia eclesiástica, multiculturalismo anti-globalización, aldeanismo político (léase barretina, cachirulo, chapela o la prenda del lugar al uso), lucha intransigente contra la “homofobia”, defensa de los inmigrantes explotados por el capitalismo internacional, etcétera. Por supuesto seguirá cruzándose de brazos ante el aumento de la violencia escolar en una sociedad cada vez más amoral y descreída, desmotivada un día sí y otro también; léase los resultados ilustrados a la francesa con la revuelta de los inmigrantes árabes del pasado año. En fin, que como dice la copla “¿Borriquito como tú? ¡Tururú!”
El que les habla aboga -contrariamente- por la lucha que forja el carácter, hace madurar a la persona y la fortalece. Deslizarse por la corriente sin esforzarse por marcar el propio camino está ligado al desastre personal y colectivo. La vida en común no es tarea fácil pero… ¿quién dijo que no lo fuera? La desgana, el abatimiento, la desesperanza embotan el pensamiento y llevan irremediablemente a un comportamiento agrio y destructivo que afecta ineluctablemente al otro. Para atajar los problemas de convivencia hay que actuar con la Sabiduría del Espíritu, puesto que tan malo es confundir la valentía con la temeridad, como la prudencia con la cobardía. Por lo tanto conviene en un primer momento detectarlos sin miedos para, a continuación, afrontarlos con realismo. Eludirlos es favorecer que se aposenten, lo cual no produce más que la carcoma y la ruina, ahogan la savia joven, esclerotizan las nuevas ideas y producen un hedor nauseabundo que impide articular cualquier palabra que hable de alegría. Pero no nos pongamos tristes, la Esperanza es lo último que se pierde.
Desmemoria histórica
Llama la atención a algunos que el católico desee plasmar como hecho verdadero y objetivo el papel fundamentalísimo de la cultura y fe cristianas en la configuración actual de nuestro marco de convivencia de carácter nacional. Para defender las posiciones laicistas, alertan a los ciudadanos, recordándoles que pasadas medidas históricas como la expulsión de judíos y musulmanes de los territorios de la Monarquía Hispánica entre los siglos XV y XVII fueron iguales al genocidio armenio de los jóvenes turcos, el hebreo del nacional socialismo alemán, el cosaco del comunismo soviético o al camboyano de los jemeres rojos. O que las llamadas Guerras de Religión de la Edad Moderna fueron un síntoma del claro embrión, divisorio y extremista, que subyace en toda postura defensiva del credo cristiano en el ámbito de la “res pública”.
Ante semejante desparrame de torcida imaginación me atrevo a aclarar que la primera cuestión es un dislate histórico propio de un ignorante en la materia ya que, las expulsiones, fueron medidas más políticas que religiosas -de gran respaldo popular por cierto- y en cuanto a la segunda conviene aclarar que, como bien dijo mi paisano Goya tras haber visto con sus propios ojos la imposición de los fundamentos del progreso humano en territorio nacional exclamó, “El sueño de la razón produce monstruos”. Como muestra del éxito que ésta, por sí sola y alejada de la Fe, ha traído a la Humanidad un superávit de millones de muertos, heridos y refugiados –no sólo física sino espiritualmente- desde las guerras napoleónicas, pasando por las revoluciones y dictaduras totalitarias hasta el terrorismo yihadista islámico.
Por si alguien tiene alguna duda, nosotros los católicos, a diferencia de otros credos e ideologías, proponemos no imponemos y –a modo de ejemplo- exponemos con orgullo los 1.808.000.000 de creyentes que hoy rezan a Cristo Resucitado en todo el mundo bajo el pontificado de S. S. Benedicto XVI. Esta universalidad se ve adornada por los 405 millones de hispanohablantes esparcidos por todo el orbe –singularmente en América- y por los centenares de miles de compatriotas que dieron su vida en el descubrimiento, conquista y administración del nuevo mundo evangelizando el amor de Dios a nuevas gentes, fundando ciudades, creando universidades, mezclándose con infinitas razas de todos los continentes y dejando una huella imborrable en la Historia que -ni la más miserable memoria histórica ni la más execrable leyenda negra- podrá borrar jamás.
Colofón con la Virgen del Pilar
Pero, siendo mañana el día de la Hispanidad, me gustaría recordar a la Madre de Dios -bajo la advocación de Nuestra Señora del Pilar, patrona de España e Hispanoamérica- un pensamiento sonsacado del corazón y plasmado en la letra de una oración que reza así:
"Venid, hermanos, y honremos a Santa María del Pilar, que escogió esta tierra y la santificó con su presencia, para ser gloria de nuestra estirpe, alegría de nuestra patria, honor de nuestro pueblo."
Y ya -para acabar- invito a los presentes a que levanten conmigo la voz para expresar con júbilo y firmeza:
¡Viva España!
¡Viva el Rey!
¡Viva la Virgen del Pilar!
Discurso pronunciado en "La Tribuna de San Jaime", como miembro del Foro Arbil, y en apoyo de la Asocación Peones Negros Barcelona, el viernes 11 de octubre de 2007. Texto íntegro, fotos y vídeo en: http://peonesnegrosbcn.blogspot.com/2007/10/asociacin-peones-negros-de-barcelona-11.html

3 comentarios:
¡Muy valiente, Juan Ignacio!
Ya sabes, nacemos para servir y servimos hasta morir.
Un saludo
Tu lo has dicho, viva la pilarica y abajo el separatismo nacionalista
saludosw
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