
ARANGUREN, Miguel, La sangre del pelícano, Madrid, Libros Libres, 2007
Miguel Aranguren (1970) es autor de otras novelas magníficas -y de otro estilo completamente distinto al que aquí presentamos- como El mirador del valle, Los hijos del paraíso o Cuando el otoño se levanta además de colaborador en diversos medios como “Telva”, “Alba” y “Época”. En esta trepidante novela de intriga, nos atrapa desde la primera hasta la última página de su libro. La sangre del pelícano nos presenta una serie de hechos, lugares y personajes que van hilvanando una serie de sucesos que van abriendo una puerta detrás de otra y cuyo desenlace no es posible conocerlo hasta el final de la obra.
Muertes crueles e inexplicables -en un principio- con una marca imborrable en los cuerpos y un símbolo terrorífico ubicado en ellos, obligarán a los protagonistas a moverse por rincones del mundo tan dispares como la comisaría del Borgo en Roma, el Parque de los Príncipes en París, la casa de la señora Yu en Cantón, el barrio del Albaicín de Granada, los palacios pontificios del Vaticano o la sede de la ONU en Nueva York, entre otros muchos.
Toda la trama va aderezada con una gran variedad de personajes que van desde el binomio investigador del padre Albertino Guiotta -converso de una vida profana y afamada- y el comisario de la vieja escuela e investigador infatigable Luigi Monticone; la pareja periodística francesa de “L´ Epoque Magazine” compuesta por la ambiciosa reportera Sophie Fromentin y el fotógrafo Thierry Lacan; los estafadores miembros de la secta Mensajeros del Nuevo Amanecer con Rakshasha al frente y su fiel embustero Ayrton Clyde; el venerable obispo “in pectore” Peter Paul Xin Shuyong y el apóstata padre Paolo; el arzobispo granadino Rafael Ruíz Lobato y la madre Casilda superiora del monasterio de Santa Isabel la Real; el Romano Pontífice y su desleal guardia suizo Marotto; la diplomática costarricense Marisela Rodríguez y la intrigante pakistaní - presidenta de la Conferencia Mundial de la Población- Humaira Tajul, etc.
La obra es una denuncia al mundo de hoy plagado de multiculturalismo vacuo y enfermizo, sometido a la dictadura del relativismo que permite a los apostatas y blasfemos campar a sus anchas mientras que los fieles creyentes se ven atosigados y perseguidos por su fe, donde arraiga con fuerza el verdadero mal –el pecado- y su gran defensor, el ángel caído. Lo explica muy bien un extracto de la novela que aquí se reproduce:
“-¿El fin del mundo? No, querido Albertino (…). Juan Pablo II predijo la llegada de una primavera espiritual, de un tiempo de recogida de frutos después de tantos años de persecuciones, desbandada e incomprensión. Pero ese nuevo amanecer sólo vendrá después de una fuerte tormenta a la que el Prefecto ha identificado con la impostura de Lucifer, ante el que miles de hombres y mujeres doblarán su rodilla.
(…)
-¿Podría ser más claro?
-Desde hace algunos lustros, al tiempo que florecen alrededor de la tierra nuevas iniciativas de apostolado y santidad, se han multiplicado las ofensas públicas a Dios con la complacencia de las autoridades civiles: la siembra de la duda sobre la verdad de nuestro Credo, impulsada a través de los medios de comunicación, las artes y el ocio; los ataques legislativos a la vida y a la familia; los robos sacrílegos para la celebración de misas negras; el rechazo de los políticos a las raíces cristianas de nuestros pueblos y el desprecio hacia quienes se esfuerzan por vivir fieles a sus convicciones, pudieran parecer fruto de la casualidad, pero no es así. Existe un plan para erigir un nuevo modelo de convivencia en el que Dios no exista.
-Nuestra sociedad también reniega de la existencia del demonio –opinó el sacerdote.
-A Satanás no le importa que sean los hombres atrapados por su red quines se lleven todo su protagonismo. Así lo hicieron los tiranos del siglo XX, muchos de ellos ligados a esta misma secta que proclama la adoración a Onnis, la deidad que devora a sus propios hijos –clavó un dedo sobre el monigote que Albertino acababa de dibujar-, feroz enemigo de la Iglesia, muy especialmente de la autoridad del Santo Padre.” (Págs. 242/243).
Una obra, en definitiva, a contracorriente de otras de peor calidad literaria y espiritual como las de Dan Brown y sus aláteres que mezclan El Vaticano, los templarios y el sexo con una facilidad propia de impíos e ignorantes en cualquiera de las materias mencionadas. Esta novela devuelve el gusto por lo misterioso en el conocimiento de la Verdad, basada en la belleza del ser y sus facultades.
Para más información sobre la obra, ver: http://www.miguelaranguren.com/novelas/novela_08.htm
Miguel Aranguren (1970) es autor de otras novelas magníficas -y de otro estilo completamente distinto al que aquí presentamos- como El mirador del valle, Los hijos del paraíso o Cuando el otoño se levanta además de colaborador en diversos medios como “Telva”, “Alba” y “Época”. En esta trepidante novela de intriga, nos atrapa desde la primera hasta la última página de su libro. La sangre del pelícano nos presenta una serie de hechos, lugares y personajes que van hilvanando una serie de sucesos que van abriendo una puerta detrás de otra y cuyo desenlace no es posible conocerlo hasta el final de la obra.
Muertes crueles e inexplicables -en un principio- con una marca imborrable en los cuerpos y un símbolo terrorífico ubicado en ellos, obligarán a los protagonistas a moverse por rincones del mundo tan dispares como la comisaría del Borgo en Roma, el Parque de los Príncipes en París, la casa de la señora Yu en Cantón, el barrio del Albaicín de Granada, los palacios pontificios del Vaticano o la sede de la ONU en Nueva York, entre otros muchos.
Toda la trama va aderezada con una gran variedad de personajes que van desde el binomio investigador del padre Albertino Guiotta -converso de una vida profana y afamada- y el comisario de la vieja escuela e investigador infatigable Luigi Monticone; la pareja periodística francesa de “L´ Epoque Magazine” compuesta por la ambiciosa reportera Sophie Fromentin y el fotógrafo Thierry Lacan; los estafadores miembros de la secta Mensajeros del Nuevo Amanecer con Rakshasha al frente y su fiel embustero Ayrton Clyde; el venerable obispo “in pectore” Peter Paul Xin Shuyong y el apóstata padre Paolo; el arzobispo granadino Rafael Ruíz Lobato y la madre Casilda superiora del monasterio de Santa Isabel la Real; el Romano Pontífice y su desleal guardia suizo Marotto; la diplomática costarricense Marisela Rodríguez y la intrigante pakistaní - presidenta de la Conferencia Mundial de la Población- Humaira Tajul, etc.
La obra es una denuncia al mundo de hoy plagado de multiculturalismo vacuo y enfermizo, sometido a la dictadura del relativismo que permite a los apostatas y blasfemos campar a sus anchas mientras que los fieles creyentes se ven atosigados y perseguidos por su fe, donde arraiga con fuerza el verdadero mal –el pecado- y su gran defensor, el ángel caído. Lo explica muy bien un extracto de la novela que aquí se reproduce:
“-¿El fin del mundo? No, querido Albertino (…). Juan Pablo II predijo la llegada de una primavera espiritual, de un tiempo de recogida de frutos después de tantos años de persecuciones, desbandada e incomprensión. Pero ese nuevo amanecer sólo vendrá después de una fuerte tormenta a la que el Prefecto ha identificado con la impostura de Lucifer, ante el que miles de hombres y mujeres doblarán su rodilla.
(…)
-¿Podría ser más claro?
-Desde hace algunos lustros, al tiempo que florecen alrededor de la tierra nuevas iniciativas de apostolado y santidad, se han multiplicado las ofensas públicas a Dios con la complacencia de las autoridades civiles: la siembra de la duda sobre la verdad de nuestro Credo, impulsada a través de los medios de comunicación, las artes y el ocio; los ataques legislativos a la vida y a la familia; los robos sacrílegos para la celebración de misas negras; el rechazo de los políticos a las raíces cristianas de nuestros pueblos y el desprecio hacia quienes se esfuerzan por vivir fieles a sus convicciones, pudieran parecer fruto de la casualidad, pero no es así. Existe un plan para erigir un nuevo modelo de convivencia en el que Dios no exista.
-Nuestra sociedad también reniega de la existencia del demonio –opinó el sacerdote.
-A Satanás no le importa que sean los hombres atrapados por su red quines se lleven todo su protagonismo. Así lo hicieron los tiranos del siglo XX, muchos de ellos ligados a esta misma secta que proclama la adoración a Onnis, la deidad que devora a sus propios hijos –clavó un dedo sobre el monigote que Albertino acababa de dibujar-, feroz enemigo de la Iglesia, muy especialmente de la autoridad del Santo Padre.” (Págs. 242/243).
Una obra, en definitiva, a contracorriente de otras de peor calidad literaria y espiritual como las de Dan Brown y sus aláteres que mezclan El Vaticano, los templarios y el sexo con una facilidad propia de impíos e ignorantes en cualquiera de las materias mencionadas. Esta novela devuelve el gusto por lo misterioso en el conocimiento de la Verdad, basada en la belleza del ser y sus facultades.
Para más información sobre la obra, ver: http://www.miguelaranguren.com/novelas/novela_08.htm

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