lunes 29 de octubre de 2007

Mártires españoles


El pasado domingo 28 de octubre, se beatificaron 498 mártires españoles sacrificados por su fidelidad a la fe católica durante el octubre rojo de 1934 (II República) y los primeros años de la última guerra civil habida en España (1936 y 1937) presentadas a la Causa de los Santos antes de 1979 -no hay que olvidar que ya hay medio millar de católicos entre canonizados y beatificados y más de ochocientos en proceso-, tras un sumario excesivamente largo –provocado por el diálogo entre el marxismo y el cristianismo que imperó en el concilio Vaticano II y el desprecio por el régimen de Franco a nivel internacional- llevado a cabo por la Iglesia en cada caso, con una rigurosa acumulación de datos recopilados a base de testimonios orales y visuales, fotografías, entrevistas personales con familiares, amigos y vecinos, sin olvidar a sus confesores y directores espirituales, etcétera.

Los 50.000 fieles que asistimos a la ceremonia romana, pudimos recordar la auténtica memoria histórica de nuestros mártires, que fue tan heroica como trágica desde la persecución religiosa por parte de los gobiernos de la República, la quema de templos, universidades y conventos, los innumerables asesinatos con ensañamiento –hubo más de 6.000- de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, el odio y la burla a la religión, la implantación de checas soviéticas en suelo español hasta la misericordia de los mártires hacia sus verdugos...

Esta hora de gloria para la Iglesia, recompensada por la corona de tantos mártires –ni en tiempos del Imperio de Roma los hubo en tan gran número- estuvo caracterizada en todos sus casos por la vida de oración y de fe centradas en la Misa y la devoción a la Virgen –rezo del Rosario-, el consuelo a los demás compañeros de cautiverio sosteniéndolos humana y espiritualmente, el perdón y la oración en favor de sus asesinos (ver el caso del joven católico Bartolomé Blanco en http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=18871&PHPSESSID=1f9a76656d9379475a00e5f24bfa9a03), la entereza con la que resistieron las torturas físicas y psicológicas de sus ejecutores (recuérdese la obra de César Alcalá, Checas de Barcelona, Barcelona, Belacqa, 2005) y la serenidad frente a la muerte alabando a Dios en todo momento.

Ojalá el fruto de este medio millar de mártires nos llevé a todos los lectores a ser fuertes en la Fe, valientes a la hora de confesarla y misericordiosos con quienes nos persiguen llegando –si fuere este el caso- a levantar nuestra voz con júbilo para decir ¡Viva Cristo Rey!

Para más información, consultar: http://www.conferenciaepiscopal.es/