lunes 5 de diciembre de 2011

Soy tu Madre



GUERRA, Héctor y LEDESMA, Juan Pablo, Soy tu Madre. El amor filial y la amistad con María, Barcelona, Planeta, 2010

Esta obra, escrita por los mismos autores de ¡Venid y veréis!, es una muestra del amor de unos hijos por su madre. Pero, en este caso, se habla de una madre muy especial. Una madre muy conocida por toda la humanidad. María de Jerusalén, es la mujer más amada, nombrada, aclamada, llorada, besada, exaltada, cantada, pintada, esculpida, escrita, poetizada, filmada, etcétera en todas las lenguas y estilos artísticos, por parte de todos tipos de corazones e inteligencias, por tantos  millones de personas durante los últimos cuatro milenios.
Myriam o Maryam, hija de Joaquín y de Ana, nació en la capital del reino de Judea, en el siglo I a. C. Fue una muchacha dócil y buena por su condición de Inmaculada –concebida sin mancha de pecado original-, al servicio de Iahvé en su Templo jerosolimitano, que había decidido vivir virgen al servicio de Dios pero que, a su vez, estaba prometido con José, un artesano nazareno. Una joven –adolescente diríamos hoy- estando en oración, recibe la noticia divina –por parte del ángel Gabriel- de que Ella ha sido elegida para ser la Madre del Mesías, del Redentor. Sus palabras –recogidas en la oración del Ángelus- manifiestan su humildad y disponibilidad. Un sí que acarreó el odio eterno de los ángeles diabólicos y el alegre gozo y gratitud de la Humanidad entera. Si por Eva entró la muerte, por María, la salvación. Esta joven deposada ya con un justo José, sufrió el dolor desde su valiente fiat! desde la persecución del reyezuelo sanguinario Herodes, pasando por las profecías de Simeón y Ana en el templo jerosolimitano hasta ver cómo rumoreaban, hasta darle caza, a su Hijo. Vio y sufrió la Pasión, Muerte y Resurrección junto a Él infinitamente más que cualquier otro ser humano de todos los tiempos. Fue la primera en recibir su Comunión, en repasar su vía crucis, en verlo resucitar… Cuando oímos las parábolas de Jesús sobre el Reino de los cielos –por ejemplo- estamos escuchando a su Madre contar las anécdotas de día, los hechos acaecidos. Al oírle a Él, vemos a Ella cómo cose, friega, limpia, viste, ordena, ríe, ora y calla, sufre en silencio, ama sin medida…
La maternidad divina, su concepción inmaculada, su virginidad perpetua, su asunción corpóreo-espiritual y su corredención, son los dogmas de fe marianos que todo cristiano se enorgullece de saber y conocer. Es una maravilla saber que el mundo entero tiene alguien a quien MAlabaRImitarAmar, alguien real y viviente, no únicamente un personaje histórico maravilloso por sus virtudes heroicas –que lo fue-, ni tan siquiera alguien por cuya fama mundial le han levantado templos en multitud de lugares como Zaragoza (España), Jerusalén (Israel), Roma (Italia), Constantinopla (Turquía), las Américas, África, etcétera. Sino que, además, Ella es la Madre de Dios y de todos los Hombres, que viene a nosotros para darnos a conocer la urgencia de nuestra conversión que ya el Padre predijo a su Pueblo: “Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar, y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.” (Ez 36, 25-27). Y, hoy, su Pueblo es la Iglesia y todos aquellos que quieran acoger la Palabra de Dios en sus vidas y la ponga por obra.