domingo, 14 de agosto de 2016

Cartas de la Wehrmacht



MOUTIER, Marie, Cartas de la Wehrmacht. La Segunda Guerra Mundial contada por los soldados, Barcelona, Crítica, 2015


El Deutsche Dienststelle de Berlín, archiva miles de cartas escritas por militares alemanes durante la última contienda mundial, ofrece un magnífico testimonio de muchos de aquellos contemporáneos que sirvieron en la Whermacth en los frentes europeos y africanos al servicio del III Reich entre 1939 y 1945. La obra se encuentra dividida en las fases que sufrió el conflicto a favor y en contra del ejército nacionalsocialista germano. La primera época (1939/41) es de euforia por parte de los remitentes, la segunda (1942/43) hay un realismo mayor por parte de los escritores ante el devenir bélico y la tercera y última (1944/45) es de hartazgo de la guerra y ganas de volver a casa.

Sus protagonistas pertenecen –generalmente- a los escalafones más bajos del Ejército –que no siempre tiene su paralelismo en cuanto a su anterior vida civil- como son soldados, suboficiales y algún oficial. Junto con las descripciones de los combates, de lo que más hablan los alemanes es de su nostalgia del hogar (noticias familiares, lugares comunes), de la necesidad y agradecimiento de los paquetes que vienen de casa (pasteles, mermeladas, cigarrillos, calcetines, guantes, etc.), las transferencias monetarias de sus pagas para ayudar a los suyos y de las relaciones con los camaradas que no siempre eran buenas.

Una historia humana, como la de tontos soldados a lo largo de la historia, con el ingrediente de su ideología nacionalsocialista con una fuerte carga racista, orgullosa de sí misa, despreciativa hacia el resto, llena de clichés y estereotipos.


Obviamente no era lo mismo servir en Francia durante los primeros años, que en Rusia durante la retirada, con lo que uno puede hacerse una idea exacta de qué hicieron, porqué lucharon y porqué murieron. Rara vez se ve en la literatura histórica contemporánea la visión alemana de la Segunda Guerra Mundial. Quizá por ello, esta obra merece la pena ser leída.